viernes, 10 de mayo de 2013

“LA LLUVIA TARDÍA, UN REFRIGERIO INDISPENSABLE”

      ¿Estamos preparados para recibir el poder del Espíritu Santo?




INTRODUCCIÓN. La motivación de ésta investigación nace con la inquietud de saber más acerca del poder del Espíritu Santo, su derramamiento, bautismo y efectos que puede producir en las personas que se preparan y lo buscan.
En las siguientes líneas sabremos más sobre el Espíritu Santo y daremos respuesta a las siguientes preguntas: ¿Quién es el Espíritu Santo?, ¿Qué significa su derramamiento?, ¿Qué es la lluvia temprana y tardía?, ¿Cómo puedo recibir el Espíritu en mi vida? y ¿Cómo conseguir un refrigerio de la presencia de Dios?
El tema del Espíritu Santo es complejo y muy discutido a través de la historia del Cristianismo. Pero la  Biblia es clara al demostrarnos que el Espíritu Santo es una persona que actúa en el hombre, transformando, guiando, entrenando, consolando, inspirando, santificando y muchas otras cualidades o funciones que desempeña de forma activa.
El Espíritu Santo ha actuado en la tierra y en las personas constantemente generación tras generación. Ha estado presente desde la creación del mundo. Las Sagradas Escrituras nos muestran que el poder del Espíritu se manifestaría con mayor fuerza en 2 ocasiones específicas de la historia de la humanidad.
(1) La “lluvia temprana”, representada por el poder recibido por los discípulos de Jesús en pentecostés y  (2) la “lluvia tardía” que la podemos recibir en este tiempo con mayor fuerza que la primera. El objetivo de Dios para con su pueblo es capacitarlos y darles poder y dones para que su evangelio sea proclamado a todo el mundo, para que se cumpla la promesa que hizo Cristo estando en el Monte de los olivos (Mt. 24:14; 27-28). 
Cuando se derrame el Espíritu Santo, seremos dotados de poder y un “refrigerio de la presencia de Dios” el cuál nos ayudará para enfrentar la última fase de la historia de este mundo. Una lucha entre el bien y el mal se está desatando y como seguidores de Cristo debemos prepararnos para poder vencer esta guerra no con nuestras fuerzas si no con el poder del Espíritu Santo que actúa en nosotros.
Te invitamos a poder descubrir esta pequeña investigación a la luz de la escrituras y también a través de la inspiración de la profetiza del Señor, Elena de White, que nos dará más detalles acerca de este tema tan relevante para este tiempo.


¿Quién es el Espíritu Santo?
“La Biblia revela que el Espíritu Santo es una persona, no una fuerza impersonal. Declaraciones como ésta: “Ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros” (Hech. 15:28), revelan que los primeros creyentes lo consideran una persona. Cristo también se refirió a él como a una persona distinta: “Él me glorificará –declaró el Salvador–; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14). Las escrituras, al referirse al Dios triuno, describen al Espíritu como una persona (Mat. 28:19; 2Cor. 12:14)”.
“El Espíritu Santo tiene personalidad. Contiende (Gén. 6:3), enseña (Luc. 12:12), convence (Juan 16:8), dirige los asuntos de la iglesia (Hech. 13:2), ayuda e intercede (Rom. 8:26), inspira (2 Ped. 1:21), y santifica (1 Ped. 1:2). Esas actividades no pueden ser realizadas por un mero poder, una influencia o un atributo de Dios. Solamente una persona puede llevarlas a cabo”.[1]
Claramente la Biblia no nos deja en blanco con respecto a la divinidad del Espíritu Santo. Nos muestra una serie de cualidades y características que sólo se le atribuyen a una persona. También nos muestra múltiples funciones que tiene, las cuáles nos benefician en gran manera para nuestro crecimiento espiritual y de otros. Desde niños escuchamos hablar sobre “la unción del Espíritu Santo”, o “el bautismo o derramamiento del Espíritu Santo”, pero muchas veces no conocemos realmente en que cosiste esto, lo cual nos debiera poner en alerta frente a este tema considerando el tiempo en el cual estamos viviendo: “el tiempo del fin”.

Derramamiento del Espíritu
En la palabra de Dios encontramos una  obra importante con respecto al “derramamiento del Espíritu Santo” (Isa. 32:15; Eze. 39:29; Hech. 2:17). Este derramamiento son bendiciones que nos brinda Dios y que inundan a las personas con poder para que puedan cumplir un propósito y una obra especial. Este poder se manifestaría en dos ocasiones significativas en la historia de la humanidad.
 Veamos que nos dice el profeta Joel en el capítulo 2, versículo 23:

“Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia temprana y tardía como al principio”.

Y más adelante, en los versículos 28 al 31 agrega:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.  Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.  El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová”.

Dios nos muestra  que ocurría una “lluvia temprana” y una “lluvia tardía” en las cuales el Espíritu de Dios se derramaría sobre toda carne de una manera abundante y con grandes resultados.

La lluvia temprana fue en Pentecostés
La profecía que nos muestra el profeta Joel es de suma importancia ya que en su primera parte (lluvia temprana), cuando se derramó el Espíritu Santo sobre los doce, éstos recibieron un poder extraordinario que nunca antes habían experimentado.
 La promesa de Cristo que dijo a sus discípulos antes de ascender al cielo dice:

“Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra
(Hech. 1:8)”.

Lo cual se cumplió según la escritura:

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hech. 2:4)

Ésta fue la primera señal o poder que recibieron los discípulos. Ellos fueron llenos del Espíritu Santo, dotaos de gran poder. Pero eso no fue todo, después de esto Pedro dirige su primer discurso, dónde invita a la multitud a arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesús, para el perdón de sus pecados (Hech. 2:38). Esto trajo frutos instantáneos, ya que según leemos, cerca de tres mil personas se añadieron aquel día y aceptaron el mensaje del Cristo Crucificado (vers. 41).
Este sólo fue el comienzo de un largo ministerio realizado por los doce. Muchas maravillas y milagros fueron llevados a cabo, muchos se convirtieron y aceptaron el evangelio, el cristianismo dio sus primeros pasos y fue avanzando rápidamente gracias al poder del Espíritu Santo que pudo utilizar a estos hombres y cumplirse la promesa  hecha por su maestro.
Elena de White nos dice:

“Esta obra será semejante a la que se realizó en el día de Pentecostés. Como la "lluvia temprana" fue dada en tiempo de la efusión del Espíritu Santo al principio del ministerio evangélico, para hacer crecer la preciosa semilla, así la "lluvia tardía" será dada al final de dicho ministerio para hacer madurar la cosecha”.[2]

La lluvia tardía
Dios tiene una maravillosa obra que debemos cumplir. Así como en el pentecostés Dios derramó su Espíritu a los doce, también la promesa nos alcanza a nosotros en este tiempo. Dios promete enviar al Espíritu Santo para que seamos llenados de Él y recibamos poder que nos ayudará a predicar el evangelio a todo el mundo y terminar la obra que se nos encomendó (Mt. 28:19-20).
Así como en la lluvia temprana fue derramado el Espíritu, Dios promete una porción más abundante  de su poder en este tiempo:

“El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue "la lluvia temprana", y glorioso fue el resultado. Pero la lluvia tardía será más abundante”.[3]

Miles de personas se convirtieron gracias a la primera intervención o derramamiento del Espíritu Santo. Dios a través de su sierva nos dice que su derramamiento será aún más abundante, y nos garantiza un resultado aún mayor.

Aquí está la promesa de Dios para su pueblo:

"Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía, Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno." Zac. 10: 1.

El espíritu de profecía nos dice:

“Bajo la figura de la lluvia temprana y tardía que cae en los países orientales al tiempo de la siembra y la cosecha, los profetas hebreos predijeron el derramamiento de la gracia espiritual en una medida extraordinaria sobre la iglesia de Dios. El derramamiento del Espíritu en los días de los apóstoles fue el comienzo de la lluvia temprana, y gloriosos fueron los resultados... Pero cerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual, para preparar a la iglesia para la venida del Hijo del hombre. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía; y en procura de este poder adicional, los cristianos han de elevar sus peticiones al Señor de la mies "en la estación tardía"”.[4]

Dios envió al Espíritu Santo en la lluvia temprana para que los discípulos fueran preparados, capacitados y experimentados con su poder. Éste grandioso poder que ayudó a los discípulos para predicar el evangelio y expandirlo a todo el mundo, se nos promete hoy en día. Así como Dios les dio la victoria a sus discípulos y pudieron llevar este evangelio al mundo, así también nuestro Dios nos puede dar la victoria, preparándonos con su poder para cumplir la misión y encontrarnos con nuestro Señor Jesucristo. Esa es nuestra gran esperanza.

Cuando me detengo a meditar en la promesa de Dios del Espíritu Santo, surge en mi mente la siguiente pregunta: ¿Por qué no hemos recibido este poder? La respuesta a esta pregunta la encontramos en Lucas 11:13 que dice:

“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Elena de White:

“Debiéramos orar tan fervientemente por el descenso del Espíritu Santo como los discípulos oraron en el Día de Pentecostés. Si ellos lo necesitaban en aquel entonces, nosotros lo necesitamos más hoy en día”.[5]

La respuesta es concisa y clara: “Pedir al Padre” y Él nos concederá del Espíritu Santo. Jesús mismo lo dijo, sólo debemos confiar en sus palabras, reclamar al Padre la promesa de su hijo y recibiremos su poder. Parece sencillo, pero este derramamiento conlleva algunas condiciones que la profetiza del Señor nos aclara a continuación.


Cómo recibir el Espíritu Santo o la lluvia tardía 

           Orar fervientemente por Él:
“Debiéramos orar tan fervientemente por el descenso del Espíritu Santo como los discípulos oraron en el Día de Pentecostés. Si ellos lo necesitaban en aquel entonces, nosotros lo necesitamos más hoy en día”.[6]

“La medida del Espíritu Santo que recibamos estará en proporción a la medida de nuestro deseo de recibirlo y de la fe que ejerzamos para ello, y del uso que hagamos de la luz y el conocimiento que se nos dé”.[7]

Humillarse y arrepentirse sinceramente:
“La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas. Nuestro Padre celestial está más dispuesto a dar su Espíritu Santo a los que se lo piden que los padres terrenales a dar buenas dádivas a sus hijos. Sin embargo, mediante la confesión, la humillación, el arrepentimiento y la oración ferviente nos corresponde cumplir con las condiciones en virtud de las cuales ha prometido Dios concedernos su bendición. Sólo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento”.[8]

“Debe haber un reavivamiento cabal entre nosotros. Debe haber un ministerio convertido. Debe haber confesiones, arrepentimiento y conversiones. Muchos que están predicando la Palabra necesitan la gracia transformadora de Cristo en sus corazones. No debieran permitir que nada les impida hacer una obra cabal antes que sea demasiado tarde para siempre”.[9]
“Desechen los cristianos todas las disensiones, y entréguense a Dios para salvar a los perdidos. Pidan con fe la bendición prometida, y ella les vendrá”.[10]

La reforma debe ir con un reavivamiento:
“Deben producirse un reavivamiento y una reforma bajo el ministerio del Espíritu Santo. El reavivamiento y la reforma son dos cosas diferentes. El reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, un avivamiento de las facultades de la mente y el corazón, una resurrección de la muerte espiritual. La reforma significa una reorganización, un cambio en ideas y teorías, en hábitos y prácticas. La reforma no producirá el buen fruto de justicia a menos que esté conectada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de hacer su obra designada, y al hacerlo, deben fusionarse”.[11]

Desechar toda lucha y disensión:
Cuando los obreros tengan un Cristo que more permanentemente en sus almas, cuando todo egoísmo esté muerto, cuando no haya rivalidad ni lucha por la supremacía, cuando exista unidad, cuando se santifiquen a sí mismos, de modo que se vea y sienta el amor mutuo, entonces las lluvias de gracia del Espíritu Santo vendrán sobre ellos tan ciertamente como que la promesa de Dios nunca faltará en una jota o tilde. Pero cuando es rebajada la obra de otros, para que los obreros puedan mostrar su propia superioridad, demuestran que su propia obra no lleva la señal que debiera. Dios no puede bendecirlos”.[12]

Amaos unos a otros:
El cristianismo se ha de revelar en el más tierno afecto mutuo... Cristo ha de recibir supremo amor de parte de los seres que ha creado. Y requiere que el hombre fomente una consideración sagrada por sus prójimos. Cada alma salvada lo será por el amor que comienza con Dios. La verdadera conversión es un cambio del egoísmo al amor santificado para Dios y al amor mutuo entre los hombres”.[13]

Entrega total:
“No podemos emplear al Espíritu Santo. El Espíritu ha de emplearnos a nosotros. Por el Espíritu obra Dios en su pueblo "así el querer como el hacer, por su buena voluntad" "(Fil. 2: 13). Pero muchos no quieren someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial. Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, se da el Espíritu”.


Un refrigerio Indispensable
Necesitamos urgentemente un refrigerio de la presencia de Dios, el cuál se detalla a continuación en 4 puntos esenciales:
         Primero: “Cuando termine el mensaje del tercer ángel la misericordia divina no intercederá más por los habitantes culpables de la tierra. El pueblo de Dios habrá cumplido su obra; habrá recibido la "lluvia tardía", el "refrigerio de la presencia del Señor y estará preparado para la hora de prueba que le espera. Los ángeles se apuran, van y vienen de acá para allá en el cielo”.[14]

            Segundo: “Vi que nadie podía participar del ''refrigerio'' a menos de vencer todas las tentaciones y triunfar contra el orgullo, el egoísmo, el amor al mundo y toda palabra y obra mala. Por lo tanto, debemos acercarnos más y más al Señor y buscar anhelosamente la preparación necesaria que nos habilita para permanecer firmes en la batalla, el día del Señor. Recuerden todos que Dios es santo y que únicamente seres santos podrán morar alguna vez en su presencia".[15]
      Tercero: "La gran obra de evangelización no terminará con menor manifestación del poder divino que la que marcó el principio de ella. Las profecías que se cumplieron en el tiempo de la efusión de la lluvia temprana, al principio del ministerio evangélico, deben volverse a cumplir en tiempo de la lluvia tardía, al fin de dicho ministerio”.[16]

      Cuarto: “Vendrá la lluvia tardía y la bendición de Dios llenará cada alma que esté purificada de toda contaminación. Nuestra obra hoy es rendir nuestra alma a Cristo para que podamos ser hechos idóneos para el tiempo del refrigerio de la presencia del Señor: idóneos para el bautismo del Espíritu Santo.[17]



CONCLUSIÓN

Así cómo fue manifestado y derramado el Espíritu Santo en el pentecostés, así también se manifestará el Espíritu a toda persona que lo pida y esté preparada para recibirla. Dios quiere culminar la obra en ésta tierra lo más pronto posible, pero es nuestro deber prepararnos para estar listos para terminarla. Como dijo alguna vez un profesor: “No es hora de comenzar la misión, es hora de terminarla”, y es nuestro deber apresurar la venida de Jesús agotando todos los medios posibles.
Cuando se manifieste el poder de Dios a  la humanidad, el evangelio eterno se dispersará por todo el mundo y entonces vendrá el fin y nuestro Rey de Reyes y Señor de Señores vendrá a buscar a su pueblo que le esperó fielmente y contribuyó en ésta su obra.
Es importante recibir el poder del Espíritu en este tiempo. Necesitamos ese refrigerio de la  presencia de Dios para poder resistir las cosas que nos esperan. Debemos dejar todo pecado que nos ate a este mundo para poder recibir la maravillosa promesa y Dios se manifestará y los resultados serán grandiosos para la honra y gloria de nuestro Dios.


“Oí que los revestidos de la armadura proclamaban poderosamente la verdad, con fructuosos resultados. Muchas personas habían estado ligadas; algunas esposas por sus consortes, y algunos hijos por sus padres. Las personas sinceras, que hasta entonces habían sido impedidas de oír la verdad, se adhirieron ardientemente a ella. Desvanecióse todo temor a los parientes y sólo la verdad les parecía sublime. Habían tenido hambre y sed de la verdad, y ésta les era más preciosa que la vida. Pregunté por la causa de tan profundo cambio y un ángel me respondió: "Es la lluvia tardía; el refrigerio de la presencia del Señor; el potente pregón del tercer ángel."[18]
     





[1] Iglesia Adventista del Séptimo Día. (2007). Creencias de los Adventistas del Séptimo Día. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, p. 68. 
[2] White, E. G. (1913). Conflicto de los Siglos. Mountain View, California.: Pacific Press. p. 669. 
[3] White, E. G. (1975). Joyas de los Testimonios Tomo 3. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, p. 211. 
[4] White, E. G. (1991). Dios nos cuida. Buenos Aires: Aociación Casa Editora Sudamericana. 
[5] White, E. G. (1913). Conflicto de los Siglos. Mountain View, California.: Pacific Press. 
[6] White, E. G. (1913). Conflicto de los Siglos. Mountain View, California.: Pacific Press. 
[7] White, E. G. (5 de mayo, 1896). Review and Herald. 
[8] Mensajes Selectos, Tomo 1. (1887). Publicaciones Internacionales, p. 141 
[9] White, E. G. (1881), Carta 51. 
[10] White, E. G. (1904). Joyas de los Testimonios Tomo 3. Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, p. 211. 
[11] White, E. G. (25 de febrero, 1902). Review and Herald. 
[12] White, E. G. (1981). Mensajes Selectos, Tomo 1. Publicaciones Internacionales, p. 206. 
[13] White, E. G. (1901). Mensajes Selectos, Tomo 1. Publicaciones Internacionales, p. 134-135. 
[14] White, E. G. (1991) 20 de diciembre. Dios nos cuida. Buenos Aires: Aociación Casa Editora Sudamericana. 
[15] White, E. G. Testimonios Selectos, Tomo 1. (1923). Buenos Aires: Asociacion Casa Editora Sudamericana, p. 111. 
[16] White, E. G. (1913). Conflicto de los Siglos. Mountain View, California.: Pacific Press, p. 669.670. 
[17] White, E. G. (1981). Mensajes Selectos, Tomo 1. Publicaciones Internacionales, p. 223. 
[18] White, E. d. (1962). Primeros Escritos. Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, p. 271. 

jueves, 21 de junio de 2012

La edad media y la reforma: el caso de los valdenses y los anabaptistas


A continuación estudiaremos 2 grupos que aspiran a un retorno al modelo neotestamentario: los valdenses, de la baja Edad Media, y los anabaptistas, del siglo XVI. Su experiencia puede enseñarnos lecciones útiles, y ser una inspiración para la Iglesia Adventista contemporánea, que también desea imitar el ejemplo neotestamentario y ser fiel a los mandatos de nuestro Señor.

Los valdenses: el movimiento valdense remota sus orígenes  a Valdo, un mercader pudiente de la ciudad de Lyon, Francia, que a mediados del siglo XIII, luego de una vida holgada sin mayor preocupación por las cosas espirituales, experimenta una conversión profunda. Al conocer el mensaje del evangelio, lo impacta el llamado de Cristo a renunciar a los bienes materiales, para seguirlo de todo corazón.
Valdo despierta la oposición del obispo local, ya que no se acostumbraba vivir voluntariamente en la pobreza, a menos que se hubiesen hecho votos monásticos. Sentía la necesidad de obedecer a Cristo compartiendo el evangelio mediante su lectura pública y su explicación de casa en casa. Impresionaba a las personas el oír las palabras de Jesús leídas en su propio idioma.
Aunque no tenía un afán cismático, el movimiento afirma explícitamente la autoridad soberana de las Sagradas Escrituras y el deber y el derecho de apelar, de la autoridad eclesiástica, a la palabra de Dios, como única regla de fe. De allí nace su convicción de que si principal deber es difundir esa Palabra, por medio de la lectura y la predicación.  El principio fundamental es, entonces, el apostólico: “Obedecer a Dios antes que a los hombres”.
Incluso frente a la opresión y la persecución, los seguidores de Pedro Valdo mantuvieron su compromiso con la autoridad de las Santas Escrituras y la proclamación del mensaje del evangelio.

Los anabaptistas: estuvo constituido por la Primera Iglesia de los Hermanos Suizos. Por primera vez en siglos, un grupo de cristianos se atreve a formar una iglesia según el modelo del Nuevo Testamento. Creían que, a fin de formar parte de esta, era necesaria una entrega personal a Cristo y un deseo voluntario de formar parte de su iglesia.
Viven su fe según su conciencia, en una época de excesiva violencia religiosa, sin amedrentarse. No es un movimiento homogéneo, pero se caracteriza por creer que las escrituras eran la fuente autoritativa de toda fe y práctica, para el cristiano.
Practicaban el bautismo de creyentes adultos. Su oposición al bautismo infantil, por ser esta una practica no bíblica, ocasionó que se les diera el sobrenombre de anabaptistas, o “rebautizadores”.
Su mensaje recalcaba la necesidad del arrepentimiento y de la fe, basados en la autoridad de las Escrituras.
Acentuaban la importancia de vivir el amor por los hermanos dentro de la comunidad. El resultado de este trabajo misionero fue muy exitoso: en las pequeñas aldeas suizas alemanas y del sur de Alemania hubo gran número de conversos.
No dudaban de poner en riesgo su vida a fin de dar a conocer el mensaje del evangelio. Si eran expulsados de una localidad, iban a otra. Si era apresados, enfrentaban el maltrato con valor y amor hacia sus enemigos.
El valdensismo enfatizó el renunciamiento a los bienes materiales y la predicación de la Palabra, llevada a cabo no por algunos cristianos selectos, sino por todos los discípulos de Cristo. El anabaptismo recalcó la formación de comunidades de cristianos comprometidos, el discipulado y la proclamación de la Palabra de Dios.
Aunque las circunstancias eran adversas, estos grupos permanecieron en el amor y la fidelidad a Cristo, lo cuál debiéramos admirar en este tiempo, para también aprender de ellos y aplicarlo en  nuestros grupos pequeños.

Apreciación:
 El capitulo nos muestra bíblicamente como se sustenta el concepto de “grupo pequeño” en la biblia y por otro lado como podemos aprender de grupos de cristianos fieles al Señor y como eso lo podemos aplicar en los grupos pequeños.
Los grupos pequeños fueron importantes para que el cristianismo pudiera avanzar y tener grandes resultados como el derramamiento del Espíritu Santo. Cuando los primeros cristianos partían el pan, oraban, estudiaban las escrituras en las casas de los creyentes, su fe aumentaba y recibían de este poder divino. Así también ocurrió en la edad media. Así también ocurre hoy en día en nuestra iglesia y ocurrirá con mayor fuerza a mediada que las profecías escatológicas se vayan cumpliendo.  Para mi es de suma importancia que la iglesia de hoy se reúna en grupos pequeños, ya que proporciona un sinfín de beneficios de los cuales yo quiero resaltar solo dos: (1) los grupos pequeños ayudan como refugio espiritual y social, ya que se forman lazos afectivos y llega a ser como una familia, lo cual (2) provoca unión de pensamiento y propósito en cuanto a los deberes que tenemos como cristianos, que es cumplir la misión así como lo hicieron los cristianos de la iglesia primitiva y en la edad media, los cuáles nos dieron un ejemplo que sin duda es admirable ver y que podemos imitar, ya que ellos,  a pesar de las dificultades, y cuando quizás pensaban que todo estaba en su contra, lo imprescindible fue que entendieron lo que debían hacer; ser fieles hasta el fin, cumpliendo con la voluntad de Dios aunque eso les costara la vida.


sábado, 16 de junio de 2012

Manual de Iglesia Adventista 2010 - PDF


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Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Manual de Iglesia
18° Revisión
EDICIÓN 2010

Asociación Casa Editora Sudamericana
Av. San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste
Buenos Aires, República Argentina

Título original: Seventh-day Adventist Church Manual, Asociación de la
IASD, Silver Spring, Maryland, EE.UU. de N.A., 2010
Dirección: Marcos Blanco
Traducción: Roberto Gullón
Diseño del Interior: Judith Kaiser de Romero
Ilustración de la tapa: DSA

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Los Envié al Mundo

Estamos viviendo en una época donde los laicos de nuestras congregaciones están cada vez más ociosos en cuanto al trabajo que debieran hacer. Existe una necesidad de cambio y poder difundir cual es el verdadero trabajo de los miembros de iglesia para que de esta forma puedan cumplir a cabalidad con lo que Dios nos manda que hagamos.
La gran comisión (Mt. 28:19-20) no puede ser llevada solamente por ministros o pastores de las iglesias. Este comisión fue designada a todo seguidor de Cristo que quiere servirle como Dios y redentor. La obra que realiza el laicado con los ministros debiera ser equivalente. Muchas veces esto se distorsiona, ya que los miembros están acostumbrados a asistir a la iglesia, sentarse y escuchar lo que dice el pastor.
El vocablo “laico” tiene amplios significados que contrastan el uno del otro:
1.      Referido al empleo de la persona fuera de la iglesia en ocupaciones seculares que demandan la mayor parte de su tiempo.
2.      Referido al empleo de la persona dentro de la iglesia. Se diferencia al laicado del pastor. El laicado son las personas que sirven a Dios voluntariamente por lo que no reciben sueldo. En cambio el pastor sirve a Dios de tiempo completo y es remunerado.
3.      En la Biblia, la expresión ho laos (el laicado) indica la diferencia entre los sacerdotes y los dirigentes del pueblo judío.
4.      Hengrik Kraemer nos dice que la palabra “laico” viene del vocablo griego antiguo laikos, cuyo significado original es: que pertenece a laos. Es decir al pueblo elegido de Dios. Entonces laos significa “el pueblo de Dios”, y podemos decir que los miembros de iglesia como los ministros serian laicos.
El espíritu de profecía es claro al declarar: “Tampoco recae únicamente sobre el pastor ordenado la responsabilidad de salir a realizar la comisión evangélica. Todo el que ha recibido a Cristo está llamado a trabajar por la salvación de sus prójimo”.[1] Es la obligación de todos, tanto laicos como ministros el cumplir con la gran comisión que Jesús nos encomendó, que es la predicación del evangelio a todo el mundo.
El nuevo testamento nos dice que todos los cristianos debemos ser ministros. Jesús nunca dirigió sus palabras a un grupo selecto de personas, por lo tanto lo que dicen los evangelios acerca de la misión, es para que sea cumplida por todos lo que dicen ser cristianos o seguidores de Cristo. En una iglesia numerosa, Dios no ha llamado solo al pastor para el ministerio. Dios ha llamado a cada miembro de esa iglesia para que puedan ser testigos de Cristo, cada cual con su ministerio personal apoyando la obra del pastor.
Muchas veces vemos al pastor peleando la dura batalla y a los hermanos suplicando por su obra. Se nota claramente que los miembros pasan desapercibidos por la iglesia, contribuyen de una forma silenciosa y se sienten independientes de la iglesia, no están comprometidos con la obra de Dios. También algunos ministros obtienen satisfacción de su autoridad religiosa dentro de la congregación y abandona el testimonio cristiano y la movilización de la iglesia. Pero Dios quiere que toda persona, sea cual sea el cargo que tenga, pueda ser testigo fiel y verdadero de Él, que pueda glorificar a su padre en todo, en cualquier cosa u ocupación que haga. Cristo quiere trabajar en las personas y que sean canales de bendición para otras.
Muchas veces encontramos clasificaciones de las personas según si dedicación y consagración. En primer lugar está el misionero que trabaja en el extranjero, luego el pastor, le sigue el obrero religioso, y al final se encuentra el humilde laico que se pregunta si realmente merece una posición. El laico se ha visto como un cristiano fracasado que solo ayuda a pagar las cuentas del pastor y llenar los asientos en la iglesia.
Encontramos al laicado como espectadores silenciosos como quien mira la televisión, sin hacer nada realmente productivo, mientras que por otro lado está el pastor como el que habla y actúa. Jesús cuando dijo que debemos predicar el evangelio a todo el mundo, no se refería a un grupo de pastores y ministros, sino a sus discípulos, esto quiere decir que va dirigido a todos los discípulos de Jesús de todos los tiempos.
Es necesario saber y proclamar las funciones de los miembros de iglesia para que puedan tomar el peso a la misión que nos encomendó Jesús. Si los miembros de iglesia junto a los pastores trabajaran por Cristo cumpliendo la misión, Cristo vendría prontamente en las nueves de los cielos. Es necesario que todos podamos contribuir, porque somos llamados ministros de Dios con una tarea específica en este mundo. No importa cuál sea el trabajo; para Dios todos somos ministros suyos y es nuestro deber y responsabilidad cumplir con esta gran tarea de redimir a otros a través de Jesús.
[1] Elena G. de White. Los Hechos de Los Apóstoles, p. 90.


El Cristo compasivo


Cuenta la historia de un general que resaltó por su reputación y coraje en la Segunda Guerra Mundial, y también por la actitud que tenía frente a sus soldados. Se mezclaba en tropas para alentar y darles ánimo. En una ocasión el general avanza dónde un soldado que parecía estar desalentado y abatido. El soldado se encontraba muy nervioso, y al ver esto, el general le dice que se siente igual y que formen una dupla y que caminen un rato para que les haga bien a ambos.
En ésta breve historia podemos ver lo que significa demostrar simpatía por nuestro prójimo. El general escuchó empáticamente, reveló sus sentimientos, y lo ayudó, caminando junto a él, pero sin sentir pena, si no para apoyarse mutuamente.
Mucha gente tiene un mal concepto de lo que es la simpatía, piensan que es sentir pena por alguien, tener un aire de superioridad o simplemente acomodarse por bondad al gusto y voluntad de alguien. Es por esto que con frecuencia se aplica este concepto como algo negativo.
Jesús, mostro simpatía y consolación con las personas que sufrían, y no retrocedió frente al sufrimiento, visitaba a los enfermos, sanaba al discapacitado, su corazón se conmovía al ver tanto sufrimiento.
Es necesario “ponerse en los zapatos del otro” para comprender sus sentimientos o por lo que le está pasando. Compasión significa “sufrir con” o “sufrir juntos”, significa entonces compartir el sufrimiento con los involucrados y estar dispuestos a ayudarlos de alguna forma para que salgan de su problema o dificultad.
La palabra compasión estaba muy relacionada con el ministerio de Jesús, sintió compasión por personas que pasaban por momentos angustiantes y de sufrimiento, un claro ejemplo es la de la viuda de Naín (Luc. 7:13). El ministerio de Cristo no fue simplemente de la mente, si no que también del corazón. Al final murió en la cruz con el corazón quebrantado.
La Biblia asocia la palabra consuelo con Jesús y el Espíritu Santo (1 Juan 2:1; Juan 14:16). Ambos son consoladores según el significado de la palabra griega parákletos, que deriva de pará, “junto” y Kletos, “alguien llamado”.
Paracleto es alguien que se acerca a nosotros y nos acompaña. Así también Jesús a través del Espíritu Santo está con nosotros y permanece en nosotros, promete en su palabra nunca dejarnos y desampararnos, está dispuesto a darnos ánimo y consolarnos en momentos difíciles, él es nuestro gran consolador  y el único que nos puede dar la paz que nuestra vida necesita.
El trabajo de Cristo en la tierra estuvo compuesto por entrevistas personales. El daba un trato especial con cada alma. Muchas veces nosotros nos sentimos incómodos al relacionarnos con las personas de una forma individual para que nuestra verdadera identidad no sea mostrada. Pero Jesús quiere que tengamos una relación cercana con la gente,  así como él la tuvo en la tierra. Elena de White nos dice que el mayor de los trabajos misioneros es mediante un trabajo personal con las personas, al visitar a la gente, conversar, orar y simpatizar con ella, ganaremos corazones.
Jesús, nuestro único modelo a imitar, en cuanto a la compasión, empatía y simpatía que demostró en su ministerio. La clave para lograr estas cualidades está en pasar tiempo en comunión con Jesús, la única fuente que puede dar vida, esperanza y solución a los problemas de la vida de cualquier persona que está dolida o en sufrimiento.
                                                                        

Solamente el método de Cristo


Muchas veces nuestra evangelización no logra los objetivos deseados ya que dependemos mucho de técnicas y estrategias. La clave está en mirar a Jesús como nuestro único modelo a seguir, y El nos capacitará para poder llegar a otros. Veremos cuál es el plan de Cristo, el único plan que nos da el éxito asegurado.
Elena de White describe los pasos del método de Cristo con la siguiente cita:
“Sólo el método de Cristo será el que dará éxito para llegar a la gente. El salvador trataba con los hombres como quien deseaba hacerles bien. Les mostraba simpatía, atendía sus necesidades y se ganaba su confianza. Entonces les decía: seguidme”. (MC, p, 102.)

Vemos entonces que el método que Cristo ocupaba era sencillo, primeramente suplía las necesidades de la gente, las hacía sentir bien, y luego que ganaba su confianza les decía que lo siguieran. Muchas veces más que centrarnos en la personas, nos fijamos en las estrategias para llegar a éstas, lo cual no da muy buenos resultados.
“Somos tardos en comprender cuán necesario es entender las enseñanzas de Cristo y sus métodos de trabajo”. (CM, p,377)
El  plan de Cristo estaba enfocado principalmente en la gente. Cristo ocupó su tiempo en elegir personas y capacitarlas para que lleguen a las multitudes. Los discípulos fueron apuntados como “hombres sin letras” pero los mismos que los criticaban reconocías que ellos habían estado con Jesús. Los discípulos al pasar tanto tiempo con su maestro, interiorizaron la testificación en sus vidas. Los discípulos fueron testigos de cómo Jesús llegaba a la gente de una forma tan natural que atraía a multitudes.
Cualquier verdadero esfuerzo para lograr una testificación exitosa debe estar basada en Cristo.  La posibilidad de éxito está en dejar nuestro yo, y dejar que Cristo lidere continuamente en nuestra vida, esto se logra cuando caminamos y trabajamos con él.  Desde la niñez estamos condicionados a temerle al fracaso por lo que buscamos a toda costa lograr el éxito. Muchas veces ni intentamos hacer algunas cosas porque tenemos una mentalidad de fracaso, pensamos lo siguiente: “como siempre me salen mal las cosas, para que lo voy a intentar si de todas formas será un fracaso”. Es triste pensar en las grandes cosas que hubiéramos hecho si tan solo lo hubiésemos intentado. Esta actitud se revela en nuestra testificación también. Muchas veces limitamos a Dios, y desconfiamos de su poder, pensando que no alcanzaremos el objetivo.
McDill menciona 3 categorías de temores a las que todos los que testificamos debemos hacer frente: miedo a la insuficiencia, miedo al rechazo y miedo al fracaso.
Seguidamente, este autor comenta los remedios espirituales prácticos que el Apóstol Pablo da en 2da de Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” concluye diciendo que Dios con su poder eliminara el temor e insuficiencia, el don de amor eliminará el miedo al rechazo y el don del dominio propio quitará el miedo al fracaso.
Debemos seguir el ejemplo que nos dejó Jesús, nuestro gran maestro, no pensar de una forma negativa o fracasada antes de ver los resultados. Necesitamos confiar en que Dios nos dará el éxito a pesar de las dificultades que se puedan presentar. Los discípulos siguieron el ejemplo de su maestro, teniendo maravillosos triunfos, así como los discípulos pudieron manifestar a Jesús en sus vidas, nosotros también en este siglo lo podemos hacer. La clave está en seguir el ejemplo de Cristo, “acompañada del poder de persuasión, del poder de la oración, del poder del amor de Dios, esta obra no puede fracasar” (MC, p. 102.) 
                                                                          (Resumen Cap. 3, libro "El método de Cristo para testificar").

"Salados" por Cristo


Existen muchos sentimientos negativos como la frustración y resignación, problemas graves como el delito, la violencia, las drogas, etc. que afectan cada vez más a nuestra sociedad.
Había un hermano de Iglesia que solía comprometerse a dar muchos estudios bíblicos, pero este hermano estaba invadido de muchos problemas personales, a tal punto que ya no le quedaba tiempo para su comunión con Dios a través de las escrituras. Sentía la gran necesidad del amor de Cristo, su sabiduría y poder de testificación. La solución real a problemas como éstos se encuentran única y exclusivamente en Jesús.
Tenemos entonces un mundo lleno de problemas. Cristo afirmó lo siguiente: “Ustedes son la sal de la tierra” (Mat. 5:13). El ejemplo que dio Jesús implica que este mundo lleno de problemas necesita urgentemente personas “saladas” que impacten el mundo y lo transformen para Cristo.
Si no usamos nuestra vida al servicio de Cristo no estamos siendo “salados”, no tenemos sabor  y no hay ninguna otra manera de lograrlo. Se calcula que la sal se emplea en 14.000 usos diferentes. Ahora, el capitulo hace la siguiente pregunta: ¿Qué beneficios prestan los cristianos “salados” a la sociedad?, está pregunta se desarrollará en las siguientes líneas.
1ro: La sal produce sed. Cuando se ingieren muchos alimentos con sal el cuerpo naturalmente pide sed de agua. Y es así también que nosotros como cristianos deberíamos producir lo mismo en las personas, que sean personas sedientas del agua de Vida. Si realmente tomáramos de esa agua de Vida, seriamos ricas fuentes que vida, y las personas se sentirían atraídas hacia nosotros, porque Dios ya trabajó suplió nuestra necesidad de Él.
2do: La sal realza el sabor de los alimentos. Así también los jóvenes intentan de “sazonar su vida” con emociones de nuestro mundo que son pasajeras, pero sólo consiguen un mal gusto en su boca. El verdadero sabor de la sal, produciría en las personas, la vitalidad, el placer, la esperanza, y la alegría de Cristo que nosotros como cristianos debemos transmitir a nuestro entorno social.
"La sal puede transformar algo tan amargo como las aceitunas verdes en un alimento con  buen sabor. Este es precisamente el impacto transformador que Jesús quiere que produzcamos en nuestro mundo. Como la sal de la tierra, transformemos un mundo amargo en un mundo mejor”. 
3ro: La sal derrite el hielo: Este mundo muchas veces es frio, insensible e indiferente, pero cuando mostramos un verdadero amor y consideración hacia los demás, las personas son sorprendidas agradablemente. Cristo es una persona efusiva, que da calor, entonces cuando nos encontramos con un cristiano “frio” podemos sentir la ausencia de Cristo en el corazón de la hermandad.
4to: La sal lleva curación: En el tiempo de Jesús la sal se ocupaba para curaciones e infecciones. Hoy en día es otra la realidad; no apreciamos su importante valor. Las personas están heridas y golpeadas por las luchas que a diario tienen que enfrentar. Una lucha constante contra la desconfianza, la depresión, la desesperación, la insensibilidad y la traición sucumbe a la gente rompiendo sueños y desvanece la esperanza. Es por esto que nuestra tarea es llegar a todas estas personas y presentarle el amor de Cristo que puede curar cualquier problema o enfermedad.
A través de nuestra testificación, mucha gente puede conocer a Jesús;  el dador de vida, quien le da esperanza al caído, quien conmueve hasta el corazón más duro e insensible, nuestro Señor Jesucristo quiere que seamos la sal que este mundo necesita, y que la  inundemos con su amor para transformar este mundo caído y se vuelva “salado por Cristo”.
(Resumen Cap. 2, libro "El método de Cristo para testificar").